viernes, 15 de mayo de 2015

Tertulia Infernal


Dejé de respirar, y el dolor ceso en cuanto abandoné mi cuerpo para iniciar el viaje a las puertas del infierno. Una caída veloz atravesando la oscuridad y el fuego, propia de las almas malditas de los condenados.

Aterricé sobre un lecho de otoñales hojas muertas con su mortecino color marrón, y al levantar mi mirada observé la roja puerta entreabierta que me invitaba a entrar, a entrar en mi nueva morada para toda la eternidad.

Más cuál fue mi sorpresa cuando se dirigió hacia mí un guía, el ser que me mostraría mis aposentos, ese diablo se llamaba Paco Umbral.

—Bienvenido al infierno de los escritores colega —me dijo tras pasar un ardiente brazo sobre mis hombros.

¿Colega? ¿Me había llamado colega Don Francisco Umbral?

No había oído hablar del infierno de los escritores, siempre creí que el infierno era un lugar genérico donde no importaba tu profesión, aunque entendí que tal vez los condenados nos merecemos un tipo de sufrimiento especial y personalizado, ¿Por qué al infierno se viene a sufrir no?

Me condujo por largos y oscuros pasillos habitados por almas en pena. Sus lamentos chocaban contra las paredes, y el tenebroso eco las amplificaba hasta volúmenes ensordecedores. Paco me miró despreocupado, al tiempo que me invitaba a entrar en una estancia me dijo:

—No te preocupes por esas almas, pertenecen a la mezquindad humana, violadores, maltratadores, dictadores, pederastas, son almas que vagan condenadas entre los pasillos de los diferentes infiernos, nada tienen que ver contigo, tu lugar está en esta sala—.

La sala era un café enorme, donde rápidos camareros servían bebidas a todos los presentes, que se encontraban sentados alrededor de una larga mesa. Divisé entre los asistentes a Pio Baroja, Unamuno y a Camilo José Cela.

A su lado había dos sillas vacías, y tras la señal de Paco Umbral, comprendí que ambas estaban reservadas para nosotros. Que pletórico me encontraba, feliz y resuelto me senté disfrutando de aquella oportunidad para conversar con tantos grandes talentos.

Unamuno estaba explicando su obra “San Manuel Bueno Mártir”, disertando entre comentarios de los demás, sobre el pensamiento de Don Manuel, de Lázaro y su hermana Ángela. Todos lo escuchaban entusiasmados, atendiéndole, preguntando sus dudas, y debatiendo sobre la obra. Después cedió la palabra a Pio Baroja, y quede maravillado de su disertación de su libro “El Árbol de la ciencia”, criticaba la situación de los proletarios desde los ojos de un estudioso.

Camilo José Cela asentía con la cabeza dándole la razón, aunque discrepaba de algunos puntos educadamente.

¿Eso era el infierno? Escritores sentados tomando café y hablando de literatura, respetando educadamente el turno de palabra. En ese caso que no me esperen en el cielo.

Un punto de la conversación me pareció muy interesante, y le pregunté a Francisco Umbral:

—Tengo algo que opinar, ¿Cuándo llegara mi turno de palabra?—

El me miro, su inteligente mirar se tornó oscuro con una luz roja en sus pupilas, al mismo tiempo que el gesto de su boca se transformó en una agria sonrisa que mostraba unos dientes amarillentos y afilados, de pronto la temperatura de la sala se congeló y el hedor a azufre impregno el lugar

—¿Tu turno?.........NUNCA, en ningún momento de la eternidad—.



FIN




Relato incluido en el libro "38 Relatos Cortos - Volumen I" 
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6 comentarios:

  1. Un infierno hecho a medida para el escritor, donde rodeado de sus ídolos, nunca puede opinar de tanto como allí se dice. Excelente relato corto, Oscar. Nos vemos en el cielo, mejor. O en la representación de la que de él haga, nuestra mente libre de ataduras terrenales.
    Saludos, compañero.

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    1. Gracias Edgar compañero.
      Realmente si debe ser un infierno estar sentado en esa mesa, sin poder abrir el pico.
      Un saludo

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  2. Menudo infierno. Toda la eternidad escuchando sin poder opinar. Oyendo a hablar a grandes escritores dandote una clase magistral en cada momento, y sin poder hablar. ¡Menudo infierno! Un abrazo.

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    1. Gracias por tu comentario María.
      Ciertamente seria un infierno, aunque en un principio pareciese un paraiso.
      Un saludo

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  3. Que infierno tan jodido. Sólo tengo algo que comentar (al menos así sé que no estoy en ese infierno) noté que en los primeros dos párrafos, algunas palabras no tienen tilde como "Deje" en vez de "Dejé" y todo eso. Supongo que me he vuelto algo obsesivo con esos detalles (más en mis propios relatos creo) pero aparte de eso no hay nada más. Me gustó el final ácido. Saludos...

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    1. Gracias Jorge por la advertencia.
      Es totalmente culpa mía, soy un aficionado a la escritura compulsivo. No suelo tardar más de cinco minutos en redactar un texto similar a este. En ocasiones hago faltas de ortografía, lo reconozco y no tengo disculpa.
      No me gusta repasar los textos, porque entonces se empieza a cambiar una cosa, luego otra, y todo cambia de sentido. Soy músico, he vivido el infierno de las mezclas en un estudio de grabación y el “Cambia esto, cambia lo otro” no quiero que se repita aquí.
      Mi aspiración no es que nadie me llame escritor, se trata solo de un pasatiempo, por lo que tampoco me preocupa excesivamente.
      De todos modos, te lo agradezco mucho y en cuanto tenga un momento lo cambio.
      Un saludo

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