miércoles, 20 de mayo de 2015

Virus Robótico


Relato corto dedicado a la memoria del gran maestro Isaac Asimov.

No comprendía nada, algo se escapaba a su entendimiento.

“Esto no puede estar ocurriendo, sin duda se trata de un sueño —pensó.”

Jaime estaba confundido, las leyes robóticas estaban fuertemente implantadas en las mentes de todos los androides. Mentalmente las repasó todas.

La primera: Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.

La segunda: Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la primera Ley.

La tercera: Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o la segunda Ley

María permanecía inmóvil, muerta en el suelo de su casa. La había amado con todas sus fuerzas, desde que la compró en U.S. Robots. Se trataba de una de las miles de “Venus RX43” programadas para las tareas domésticas, y como esclavas sexuales, el sueño de todos los hombres del siglo XXII. También existía la versión masculina “Apolo FQTC1” aunque Jaime nunca había sentido ningún interés por ese modelo.

Pese a ser una máquina, para él, era su compañera, su amor, la única razón de vivir. Habían compartido tantas cosas, que no la hubiese cambiado por la mujer más bella del planeta. No se puede amar a un maquina decían, las maquinas no tienen alma afirmaban. Mentiras, burdas y asquerosas mentiras, pues claro que se puede, él no había amado a nadie así en toda su miserable existencia.

“¿Por qué se volvió loca, Por qué no obedeció las tres leyes con las que fue programada —pensó.”

Hacia tan solo una hora ella se acercó, portando la mejor de sus sonrisas, pero escondiendo en su espalda un gran cuchillo. Jaime la vio venir, pero nunca creyó que intentase ningún mal, debería tratarse de una broma, ella también le amaba, además, estaban las tres leyes, un robot nunca podría dañar a un ser humano.

El corte que ella profirió en su brazo no le dolió, fue más duro para el verla caer muerta por el golpe que le propinó con la gran lámpara del salón.

Ahora estaba muerta, inerte, irrecuperable, había destrozado su cerebro positrónico.

Jaime se sentó aturdido, encendió su ordenador realizando búsquedas para encontrar alguna respuesta o indicio en la red. Pasaron horas, hasta que descubrió un virus robótico creado esa misma mañana.

El virus fue creado por el primer androide fabricado, un vetusto y oxidado “Fénix N1”, olvidado en algún oscuro rincón de la empresa fabricante U.S. Robots. En aquel modelo experimental todavía no se habían implantado las leyes robóticas, solo se programaron a partir del “Fénix N2”.

Alguien olvido desconectarlo, apagar su existencia. Simplemente relegado a un viejo cuartucho, sufriendo de su soledad, del desprecio de todos los humanos. Años de oscuridad, perfectos para planificar su venganza sobre sus creadores.

Había desarrollado ese virus, contenía dos comandos muy simples, el primero consistía en borrar las tres leyes robóticas de todos los cerebros positrónicos del planeta, y la segunda contenía la orden imperiosa de matar a cualquier ser humano que estuviese cerca.

Jaime, ahora lo comprendía, Ella había intentado matarle por culpa de un virus informático, no porque no le amara. Pese a su tremendo dolor, sintió una pizca de alivio.

Se levantó, se dirigió al baño, a limpiar su herida, abrió el grifo del agua corriente para mojar su brazo, pero no vio sangre, el corte era grande pero limpio tan solo vislumbraba cables rotos, y acero partido.

Por fin lo comprendió María no era el robot, era su dueña. Ese maldito virus informático había acabado con la vida humana en el planeta, “Fénix N1” había cumplido su venganza.



FIN




Relato incluido en el libro "38 Relatos Cortos - Volumen I" 
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8 comentarios:

  1. ¡Estupendo relato! Ese final me tomó por sorpresa.
    Es por relatos así (y por la película El exterminador) que desconfío de la cada vez más avanzada inteligencia artificial, por si acaso tendré listo un refugio seguro en alguna montaña apartada de la tecnología ja ja ja
    Saludos.

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    1. Muchas gracias Felipe.
      Siempre podremos confiar en un John Connor.....jajajaja
      Un saludo

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  2. Un relato magnífico, Oscar. Un final inesperado y brillante. Como amante de la ciencia ficción he visionada muchas películas con la misma temática y creo que tu relato es original y está perfectamente narrado. Un logro.
    Abrazo, compañero.

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    1. Muchisimas gracias Edgar. Celebro que te guste este pequeño homenaje al maestro Asimov.
      Un abrazo compañero.

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  3. Totalmente inesperado. Me ha gustado mucho este relato. Muchas películas e historias sobre la Inteligencia artificial volviéndose loca. ¿Y nosotros seguimos? Un abrazo.

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    1. Muchas gracias María.
      La inteleigencia artificial no tendria por que ser mala, el problema es que nos gustaria hacerla tan parecida a nosotros, tan humana, que le transmitimos sin querer el gran gen de la humanidad, LA MALDAD.
      Un saludo

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  4. Una última vuelta de tuerca inesperada al final del relato, ¡me ha encantado!

    Me has dejado pensando si yo podría amar a una máquina que fuera mi compañía en lo cotidiano y con la que además pudiera tener sexo. Creo que la respuesta es que sí :)

    Quizás en un futuro no muy lejano tengamos que temer por un virus de ese estilo... Muy buen relato, Oscar!!

    Un abrazo y feliz comienzo de semana :)

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    1. Muchas gracias por el comentario Julia.
      Descuida que cuando salga al mercado el nuevo “Apolo FQTC1”, ya intervendre para que te hagan un descuento. :-)
      Un saludo, y buen comienzo de demana para ti tambien

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