viernes, 5 de junio de 2015

La Armería



Y llegó la hora de la jubilación, Andrés debería cerrar la vieja armería que le legaron sus padres, ya que no tenía descendencia que la regentase.

Viejas armas de otra época, artilugios sin valor, que no servían para disparar, y si alguno sirviese, desde luego no sería para practicar puntería.

No le quedaba más remedio que intentar liquidar, necesitaba ese dinero para subsistir. No podía permitirse regalar nada, y mucho menos a ese pueril sobrino que continuaba siendo un adolescente a los cincuenta años. Le agasajaba siempre con la misma lisonja —Tío, te quiero mucho —afirmaba.

—Si, mucho, como la trucha al trucho—.

De aquí viene la frase “Por el interés te quiero Andrés”


FIN.



Micro relato aportado en el desafío “PALABRAS OBLIGATORIAS”

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