lunes, 26 de octubre de 2015

Luz en el lado oscuro - Capítulo I




Una extraña y calurosa noche de agosto. En Inglaterra no acostumbraban a sobrepasar los veinte grados ni en esa época del año.

Luck conducía su descapotable a gran velocidad. El aire que acariciaba su cara, le evocaba recuerdos de épocas lejanas, cuando aún tenía alas y se deleitaba contemplando la creación de Dios.

Faltaban pocas millas para llegar a Dover, donde un ferry le trasportaría hasta Calais, al norte de Francia. Su viaje tenía un fin determinado. Tal como procedía, desde miles de años atrás, la búsqueda de un nuevo objetivo para vengarse por su injusta condena volvía a ser su prioridad.

Embarcó su Mustang en el buque, y se dirigió a un lugar tranquilo donde poder descansar. No obstante, su instinto egocéntrico y exhibicionista le traicionó como en tantas ocasiones. Era incapaz de atravesar una multitud, sin disfrutar con que las miradas de estas se posaran sobre él. Su más de metro noventa, su abundante cabellera rubia, sus penetrantes ojos verdes y su porte, no le facilitaban pasar desapercibido en ninguna ocasión. Él lo sabía, y al contrario de intentar disimularlo, lo potenciaba. Vestía, un traje de Brooks Brothers color azul marino, una camisa blanca de Eton, y unos Oxford marrones de Carmina. Era imposible no mirar a ese ser, sin sentir deseos de compartir la vida con él.

Visualizó un lugar oscuro y tranquilo, donde parecía llegar un poco de fresco aire marino. Se sentó y se dispuso a encender un cigarrillo, pero una voz le importunó.

—Perdone Señor, no ha rellenado su ficha de pasaje —le dijo una mujer miembro de la tripulación.

Luck la miró detenidamente de arriba abajo, hasta que sus ojos verdes se encontraron con los de ella. En ese instante la mujer sintió que sus rodillas no podrían sostenerla en pie, sin embargo, sacando fuerzas de su interior, consiguió preguntarle.

— ¿Podría darme su nombre completo, lo necesitamos para el seguro de su automóvil?—

—Claro, no hay problema, me llamo Bell, Luck Bell. Esta es la documentación de mi Mustang —le contestó mientras le entregaba el papel rozando la mano de ella, lo cual le provocó un escalofrió que no pasó inadvertido para Luck.

Ella asió el documento mirando atónita la que posiblemente era la sonrisa más maravillosa que había visto, y que nunca más volvería a ver en su vida.

No obstante, se alejó, ya que algo le hizo comprender que Luck quería estar solo esa noche. Una sola palabra o insinuación de él, hubiesen bastado para caer rendida en sus brazos. Pero algo en su interior le dijo que no debía molestarle más.

Luck se acurrucó en un sillón dejando volar sus recuerdos, viajando a lo ocurrido miles de años atrás.

—Luzbel, ¿Te gusta, lo que he creado? —le preguntó Yahveh.

—Claro mi Dios, creo que el génesis ha sido la cosa más preciada que hayas podido realizar —le contestó.

Luzbel estaba encantado con la creación de la tierra, la amaba. Algo dentro de él le decía que esos animales que Yahveh había creado, simbolizaban todo lo maravilloso del universo, y que el hombre y la mujer hechos a semejanza de Yahveh y los ángeles, eran unas criaturas dignas de ser sus hermanos.

—Tengo una misión para ti Luzbel, quiero que les tientes, para que coman la manzana prohibida —le dijo Yahveh.

—Pero señor ¿No están bien en la tierra, en el paraíso, libres de todo mal? —le preguntó.

—Si Luzbel, así es. Pero quiero saber hasta qué punto, son capaces de obedecer mi voluntad, respetarme y amarme —exclamó Yahveh.

Luzbel miró al suelo. Nunca comprendió esa abrumadora necesidad de sentirse amado, y ese deseo de que su voluntad fuese ley. Pero él no era más que un Ángel, y no pensaba contradecir a su Dios. Sin embargo, una duda atormentaba su alma. “¿Por qué ha creado a estos seres si no los ama, y confía en ellos, tan solo para que ellos le amen a él? ¿Tan solo se siente? —se preguntaba”.

Se dirigió hacia la Tierra, adoptando la forma de uno de los más bellos seres de la creación, la serpiente.

Se apostó frente al árbol de la ciencia del bien y del mal que contenía la manzana, y espero a que Eva se acercara. Cuando ella apareció Luzbel, la incitó a que comiera de la manzana

—Yahveh nos dijo que del fruto del árbol que está en medio del huerto, no comeréis de él ni lo tocaréis, para que no muramos —replicó Eva.

—No moriréis, sino que alcanzaréis la vida eterna y el conocimiento para discernir entre el bien y el mal y seréis como Yahveh y los ángeles —dijo Luzbel sintiéndose un embaucador.

Eva tomó la manzana y la mordió, y viendo que nada ocurría se la ofreció a Adam, quien por amor hacia ella hubiese comido cualquier cosa.

Entonces durmieron, y al despertar vieron que estaban desnudos, que nada era como antes, y entendieron que habían cometido el pecado capital. Luzbel lloro como un niño, sintió que había sido una herramienta del mal, y que el mal estaba en el corazón de Yahveh.

El ferry estaba a punto de llegar a Calais, cuando algo sobresalto a Luck.

Una mano rozó su espalda, era Diana, la sobrecargo.

—Señor Bell, llegaremos en pocos minutos, perdone mi atrevimiento, llevo horas intentando recordar, de que le conozco—.

Luck la miro sonriendo. No podía decirle, que absolutamente todos los humanos le conocen, ya que forma parte de ellos, al igual que Yahveh.

—Bueno, digamos que tengo una cara común —le dijo.

Ella sabía que su cara podría ser cualquier cosa menos común. De pronto volvió a percibir aquella sensación, era una orden en su cabeza, no debía seguir importunando a Luck, por lo que volviendo su espalda, desapareció sin pronunciar palabra alguna.

El Mustang rugió al pisar suelo Francés, eran las primeras horas del alba, y el sol asomaba por el horizonte. Luck siempre había disfrutado de estos momentos, ya que le trasportaban a los días del Génesis, en que se hizo la luz en la tierra.

Y Yahveh le dijo:

—Luzbel, quiero que espíes a los hombres y me informes si son puros y me aman—.

—Mi Dios, ¿Crees que es necesario espiarlos? ¿No se condenaron ya comiendo el fruto prohibido del árbol de la ciencia? —le preguntó.

Luzbel no entendía aquella nueva obsesión de Yahveh. Algo desde el momento en que se dedicó a la creación y que le cedió momentáneamente el mando del cielo, le había hecho cambiar.

Cuando Yahveh pasados los siete días volvió y recupero su trono, atisbó en su mirada algo diferente. Tenía un brillo autosuficiente, con un grado de orgullo que asusto a Luzbel.

“¿Cuál era el motivo de crear a esos seres a su imagen y semejanza, e infligirles el sufrimiento desde el primer día? ¿Yahveh había atravesado el lado oscuro en su viaje? —pensó”.
No, hacía mucho tiempo que él era así —comprendió pese a no haber sido consciente antes”.

En ese momento Luzbel comenzó a cuestionarse toda su existencia. ¿Quiénes son los ángeles?, ¿Tan solo criaturas divinas creadas por Yahveh para realizar sus caprichos, seres asombrosos que escapan a toda comprensión, semidioses o simples esclavos? Eso no importaba a Yahveh, ya que simplemente existen y existirán hasta que él decida abandonar este universo o crea que ya no son necesarios.

Cuando Yahveh creó a los ángeles, para que estos fueran sus simples ayudantes en su obra, los separo en diferentes categorías:

Los Serafines, eran la clase más baja en la estructura celestial, no tenían forma física, el motivo de su existencia era proteger el alma de los nuevos seres creados por Yahveh, los hombres. Eran los ángeles guardianes. A diferencia del resto de ángeles, estos estaban encargados de custodiar tan solo un alma. Yahveh asignaba un serafín a un solo ser, y a los ángeles varios de ellos.

Todo era para protegerlos del mal. ¿Pero quién representaba el mal? Hasta el momento todo lo malo ocurrido a la humanidad había sido deseo suyo. Si, Luzbel fue la herramienta, la mano que mece la cuna, pero no el cerebro que le ordena hacerlo.

Después creo a los Arcángeles, los más poderosos, que tenían que cuidar de los ángeles, y entre ellos los más poderosos, los llamados “Jinetes de la libertad absoluta”.

Y los Querubines, que eran los más sabios ángeles, que solo habitaban en el cielo, y que se encargaban de administrar las fuerzas del universo, según las ordenes de Yahveh.

Luzbel era el Querubín de más alta confianza. Por ese motivo sustituyo a Yahveh en el trono durante el génesis, y por eso le fue asignada la misión de corromper a los hombres y evaluar su grado de amor a Dios.

Él nunca quiso esta tarea, y al fin se dio cuenta de que era el momento del Abaddon, la batalla más grande de todos los tiempos. Yahveh había perdido el sentido de la equidad y era el momento de que renunciara al trono Divino, y por la fuerza si fuese necesario.

Fueron tiempos sangrientos y difíciles, miles de ángeles caídos en aquella lucha. Sin embargo, a Yahveh no le importo, él siguió contemplando su creación, vanagloriándose de sí mismo, ajeno al sufrimiento de la guerra que acontecía en su reino.

Luzbel envió a Sirael, un ángel de su confianza a atacar a los querubines, a los que aniquiló. La batalla estaba dando la victoria a los sublevados. Pero eso solo duro un instante, ya que Yahveh creó a los arcángeles Vehuiah, Jverathel y Adar, quienes entablaron resistencia y vencieron a Sirael, momento en el que el propio Luzbel apareció.

— ¿Luzbel, eres tú el causante de esto? —pregunto Yahveh.

—Sí señor, no puedo seguir aguantando las ordenes y designios de un ser enfermo —le contestó.

—He derrotado a tus ángeles, que desde hoy serán desterrados contigo, y serán denominados demonios, y tú serás el peor, el ángel caído, el ser más bajo de la creación —exclamó Yahveh.

Luzbel fue expulsado del cielo, desterrado y condenado a vagar por la tierra, representando el mal.

¿Acaso Luzbel era el causante del mal?

Su condena eterna era ser el representante del lado oscuro, dimensión que precisamente él nunca había visitado.




8 comentarios:

  1. Un intrépido relato donde se nos muestra una realidad diferente de la que nos enseñaron.
    Quizá el ángel caído sea solo otra víctima del orgullo y la prepotencia de un ser superior y caprichoso.
    Un comienzo inquietante que seguiré con atención.
    Un abrazo Oscar.

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    1. Gracias Francisco. La intención de esta novela, es observarlo todo desde el punto de vista de diablo. Siempre se ha dicho que la historia la escriben los ganadores, por lo que me gustaría dar voz (En forma imaginada) a los perdedores. Pese a tocar temas religiosos, no pretendo en ningún momento sentar dogna ni catedra. Estamos frente a un escrito de ficción, nada más. Si algún creyente puede resultar ofendido, le pido mis disculpas.
      Un abrazo, amigo.

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  2. Vaya vuelta de tuerca. Me ha encantado. Muy bien narrado. Me has dejado con ganas de más.
    Un abrazo.

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    1. Muchísimas gracias María. Celebro de verdad que te haya gustado, y te parezca interesante continuar con la lectura. Tengo la suerte de tener preparados nueve capítulos, a los que solo debo rectificar algunas cosas (Hoy escribo diferente a como lo hacía cuando empecé con esta novela)
      Un abrazo.

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  3. Estas historias de condenas, oscuridad y otras dimensiones me encantan, Oscar. Encima sabes llevarnos por el argumento sin que perdamos el hilo, y eso hace que me den ganas de continuar leyendo... ¡Me voy a enganchar, lo sé! ¡Esperaré con muchas ganas el siguiente capítulo!

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    1. Muchas gracias Hada Rac Mar.
      Sin falta mañana esta publicado el diguiente capítulo.
      Delebro mucho que te este interesando la novela.
      Un saludo.

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  4. Agradable giro sobre esta oscuridad. Buenísimo!!! El tema de demonios muy bien tratado.

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    1. Gracias Myriam.
      Esta modesta novela que se inicia en este capitulo, solo trata de reflexionar sobre el punto de vista de los perdedores en la historia que nos cuenta la biblia. Eso sí, sin ánimo de molestar a ningún creyente, ya que solo se trata de un ensayo de ficción.
      Un abrazo.

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