jueves, 30 de abril de 2015

Mala decisión


El último golpe con el cuchillo le seccionó la yugular, mientras Marta gemía de placer. La sangre de Carlos teñía de rojo las sábanas blancas y el cuerpo de ella. Se deleitaba observando el magnífico espectáculo que le ofrecía su víctima. Pese a estar agotada por el esfuerzo y el placer que le producía matar, su excitación continuaba en su punto álgido, y se acarició sus partes íntimas frente al cadáver, hasta que alcanzó el orgasmo.

Marta cogió su paquete de cigarrillos Camel sin boquilla, y se dispuso a encender uno antes de vestirse y abandonar el hotel.

El teléfono sonó estrepitosamente, por lo que Luis tuvo que dejar de escribir para contestar la llamada.

—Luis, necesito verte inmediatamente, ¿Qué significa el mail que me has enviado? —preguntó Carmen.

Carmen era la editora de Luis Placentero, famoso escritor y reciente premio planeta por la tercera entrega de su saga “No confíes en Marta”

—Descuida te entregare el cuarto volumen esta semana pero se acabó Carmen, estoy agotado y necesito unas vacaciones —le contestó.

Luis había trabajado durante diez años sin descanso en su famosa saga que había cautivado al público. Las aventuras y desventuras de Marta, una preciosa morena de ojos verdes, una mujer deliciosa, si no fuese por su vicio de matar a todos los hombres con los que se acostaba. Podríamos decir que se trataba de una mantis religiosa.

Buscaba su presa en internet, quedaban en un bar, y gracias a su sensualidad, belleza y coqueteos a los que todos sucumbían, se los llevaba a un recóndito hotel, donde ellos creían que disfrutarían de un cuerpo joven y caliente, y ciertamente lo hacían, hasta que un cuchillo los atravesaba. Marta sentía el mayor placer sexual al matar a su pareja en el momento que esta eyaculaba.

—No, no, y no —dijo Carmen.

—Me lo merezco, os he hecho ganar miles de euros con mis novelas —le aclaró Luis.

Ciertamente las tres novelas anteriores habían superado cada una de ellas los trescientos mil ejemplares, una pequeña fortuna para todas las partes implicadas.

—Luis, entrégame esta cuarta novela y tomate un año de vacaciones, pero por el amor de Dios, quítate esa idea de la cabeza —rogó Carmen

Luis había decidido dar fin a la saga, estaba cansado del personaje al que había dotado de muchas cosas personales suyas, como su hábito de fumar Camel sin filtro. Si, seria duro, pero había decidido que al final de esta cuarta entrega, Marta moriría, poniendo fin a la saga.

—Si sigues con tu decisión, te demandaremos, firmaste un contrato vinculante para seis entregas, y ya has cobrado suculentos adelantos de la quinta y la sexta —le amenazó Carmen.

—Tranquila, sabes que soy un hombre rico, tu tan solo dime cuanto debo devolver y tendrás el cheque en tu oficina junto con la cuarta entrega —le dijo.

—Eres un imbécil —le dijo Carmen segundos antes de colgarle el teléfono.



Marta entró en su apartamento, se ducho, se puso su albornoz, y se sentó frente al ordenador. “Vamos a ver cuántas visitas ha tenido mi perfil de Badoo” pensó. Una sonrisa broto de su rostro, cuatrocientos en una tarde no estaban mal.

Abrió uno de los mensajes, Ferminmadurito56, le proponía quedar para conocerse, y directamente le ofrecía dinero a cambio de sexo oral. La idea excito a Marta, sexo a cambio de dinero, le hacía sentirse muy sucia, y eso la volvía loca.

Habían pasado solo unas horas desde su encuentro, pero ese día estaba especialmente excitada, por lo que volver a hacerlo le parecía una idea excelente.

Que poco imaginaba que Ferminmadurito56, era el inspector de policía encargado del caso de los acuchillamientos en los hoteles. Por otra parte ese hubiese sido el menor de los problemas de Marta, ya que también era el padre de Juan Castillo, un joven de veintiún años que fue una de sus primeras víctimas, por lo que esa noche que la detuviese la policía debería ser el menor de sus problemas. Fermín no tenía intención ni de practicar sexo oral, ni de arrestarla, sus intenciones eran muchísimo más oscuras.

El teléfono volvió a sonar. “Demonios, así no se puede concentrar nadie —pensó.”

Nadie le habló, tan solo escuchaba una respiración, hasta que de pronto creyó escuchar —Ni se te ocurra —seguido del tintineo del teléfono al cortarse la llamada.

Luis llamo a Ediciones Santurce, su editorial, pero salto el buzón de voz.

—Quiero dejar un mensaje para Carmen, no sé si has sido tu quien me ha llamado por teléfono, pero creo que sería oportuno que nos viésemos para discutir todo este asunto —dejo grabado Luis en el contestador.

Se dispuso a preparase una copa, cuando alguien llamo a la puerta. Fue a abrir, y allí estaba Carmen, impresionante como siempre con su cabello moreno perfectamente despeinado, y sus penetrantes ojos verdes.

—Luis, tenemos que hablar, creo que vas a cometer una tontería —le dijo.

—Pasa, ¿Quieres una copa?, iba a servirme una —le preguntó.

Carmen sonrió, por supuesto que quería una copa, fuera de asuntos de trabajo, Luis siempre le pareció un hombre muy atractivo.

—Te cojo un Camel sin filtro Luis —dijo Carmen.

—Por favor, lo que tú quieras —contestó Luis galantemente.

Luis se retiró a preparar unas copas, cuando escucho a Carmen llamándole desde su dormitorio. Acudió y al entrar encontró un maravilloso espectáculo.

Sobre su cama estaba la gabardina de ella, que por lo visto era la única vestimenta que llevaba, ya que al mirarla, vio a una bellísima mujer completamente desnuda, tan solo con unos zapatos de tacón de color rojo.

—Acércate Luis —susurró Carmen.

Ambos apagaron sus cigarrillos Camel sin filtro en el cenicero de la cómoda, tras lo cual se fundieron en un cálido abrazo.





Era una fría y oscura mañana, tan solo unos frágiles rayos de luz iluminaban las oficinas de Ediciones Santurce. Juan Carlos se dispuso a escuchar los mensajes de voz.

—Qué raro, no entiendo nada —le comentó a Pedro su socio.

—¿Ocurre algo? —preguntó este.

—No lo sé, es un mensaje muy extraño de Luis Placentero —dijo Juan Carlos.

—¿Extraño, por qué? —volvió a preguntar Pedro.

—Es que dice que el mensaje es para una tal Carmen —afirmó mirándolo fijamente.

—Estos escritores están majaras, como si no supiese que aquí no trabaja nadie más que nosotros dos —contestó Pedro.



Un cenicero que contenía dos colillas de Camel sin filtro, estaba volcado sobre una sábana blanca teñida de rojo.



FIN.



Relato incluido en el libro "38 Relatos Cortos - Volumen I" 
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lunes, 20 de abril de 2015

Bloody Mary


—Bloody Mary, Bloody Mary, Bloody Mary—

Esa fue la frase que Lucia y Ana pronunciaban una y otra vez frente al espejo, seguida de sonoras carcajadas de adolescentes.

Ambas tenían dieciséis años y estaban en plena edad del pavo, o de la pava Según se mire. Compañeras de colegio en la infancia, del instituto en la actualidad, y mientras algunas chicas de su edad ya estaban en busca de un “pavo” ellas estaban en casa pelando la “pava”.

Lucia era una chica rubia y pecosa que podría haber pasado por natural de Kentucky, pese a que ella y toda su familia eran de Cáceres, igual que Ana, solo que esta por su tez morena, sus ojos negros, y su poca estatura habría sido deportada al instante si hubiese intentado poner un pie en Kentucky.

Pero estamos en un mundo globalizado, y la avalancha de películas americanas, sobre todo de terror, las había inducido a divertirse con este juego en primera instancia inocente.

Así que frente al espejo, en una habitación en penumbra con tres velas encendidas intentaban invocar al espíritu de Mary Whales, que por lo que parecía esa noche, o bien no existía, o bien estaba ocupada en otros menesteres.

Como ocurre con las adolescentes, la concentración es directamente proporcional al grado de diversión, y en vista de que no se producía se olvidaron del asunto.

Encendieron la luz, se tiraron en la cama y ambas corrieron raudamente a agarrar sus teléfonos móviles. Que si el grupo del insti, que si tengo un WhatsApp de Paco, que si la madre que las pario.



Sin embargo, como si volviéramos veinte años en el tiempo, dejaron de lado sus móviles y empezaron a hablar, una frente a la otra, utilizando la palabra, como se llevaba haciendo siglos antes del nacimiento de Sócrates. Imagino que era el tiempo de confidencias entre adolescentes, Hay que ver lo guapo que es el capitán del equipo de béisbol.

Pero qué diablos, ¿Os he dicho que no estamos en Kentucky?

En su instituto lo máximo que había era un equipo de futbol cutre, y no tenían capitán, con dificultad lograrían fichar a un sargento chusquero.

Paradójicamente estaban hablando de estudios, de inquietudes, y de lo que el incierto futuro les deparaba. Tanto Lucia como Ana eran unas chicas llenas de ilusiones, la primera quería ser arquitecta y la segunda estudiar derecho, cualquiera que les estuviese escuchando en esos instantes pensaría que estaban a punto de dejar atrás la edad del pavo y convertirse al fin en unas mujeres con porvenir, mujeres que no necesitarían dedicar horas a juegos estúpidos como el realizado minutos antes.

El móvil de Ana emitió el tono de llamada, unos segundos antes de que ella mostrase una tremenda cara de fastidio, ya que observó que esta procedía de su padre.

—¿Qué? —contestó ella.

—Si, vaya, ¿y tengo que ir? , Bueno vale —afirmó.

Lucia no dijo nada, comprendió al momento que Ana tenía que marcharse. Una verdadera lástima dar por concluida esa magnífica noche de pijamas.

—¿Qué ocurre Ana? —le preguntó.

Ana le explicó que su abuelo Javier se había caído con el trágico resultado de un brazo roto al parecer, y alguien debía de quedarse con Pilar su hermana pequeña.

Ambas se dirigieron hacia la puerta de la casa con paso lento, y defraudadas por tener que posponer su fiesta privada.

Después de propinarse los rigurosos besos de despedida, Lucia volvió a su habitación con la intención de recogerlo todo para evitarse la bronca de sus padres cuando llegaran de su cena de aniversario.

Entró en el despacho de su padre para buscar algún CD y poner algo de música. Encontró un viejo álbum de The Cure, y se lo llevó a su habitación para introducirlo en su equipo de música.

Era música de viejos, pero The Cure siempre le habían gustado a Lucia, por lo que estando sola no tendría que dar explicaciones a nadie.

“Suavemente pasa a través de las sombras del crepúsculo, deslizándose ante las ventanas del infeliz muerto, buscando a la víctima temblando en la cama, descubriendo su temor en la siniestra reunión y ¡De pronto! ¡Un movimiento en la esquina de la habitación! Y ya no hay nada que pueda hacer, cuando me doy cuenta con espanto ¡De que esta noche soy la cena del hombre-araña!”

Siempre le había gustado la canción que sonaba, “Lullaby”.

Lucia miro la velas que estaban a punto de apagarse, mientras pensaba lo tonta que era por creer en esa antigua leyenda.

Antes de desvestirse, se dirigió al baño anexo para lavarse los dientes, y cuando estaba frente al espejo sonrió recordando lo “pavas” que pueden ser dos adolescentes de 16 años.

—Bloody Mary, Bloody Mary, Bloody Mary —dijo frente al espejo.

Nada ocurrió de igual modo que horas antes.

—Bloody Mary, Bloody Mary, Bloody Mary—

Volvió a insistir más por cabezonería que por otro motivo.

—Bloody Mary, Bloody Mary, Bloody Mary—

Silencio, no es posible, ¿Ha parpadeado la luz del baño?

—Bloody Mary, Bloody Mary, Bloody Mary—

“No, son solo imaginaciones mías, aunque juraría que la temperatura de la estancia ha descendido varios grados —pensó.”

—Bloody Mary, Bloody Mary, Bloody Mary—

La luz volvió a parpadear.

—Bloody Mary, Bloody Mary, Bloody Mary—

Ahora estaba segura, mientras The Cure cantaban “Hombre Araña”, observó como la luz se atenuaba dejándola en penumbras.

Lucia se giró buscando el interruptor de la luz, cuando de reojo observo reflejada una figura que no era la suya.

Mary la observaba desde el otro lado del espejo, su mirada no era de este mundo, era intensa, roja, desenfocada como ausente, pero llena de rabia y odio. Su boca estaba desfigurada, como si la hubiesen agrandado con una navaja. Estaba vestida tan solo con un ligero camisón blanco teñido en parte de rojo, un rojo que se adivinaba como su propia sangre.

Sus ojos se encontraron, mientras un grito de terror fue exhalado por Lucia, aunque nadie pudo escucharlo.

Lucia observaba a Mary sonriendo con su boca desfigurada mostrando unos dientes que serían de un perfecto amarillo de no ser por los regueros de sangre coagulada que colgaban de sus encías. Lucia se sintió desvanecer, las rodillas no aguantaron el peso de su cuerpo por lo que intento asirse al mármol del baño, solo que sus manos lo buscaron sin éxito y cayó como un peso muerto al suelo.

“Silencioso ríe y moviendo su cabeza, avanza sigilosamente más cerca ahora por la pata de la cama, y más suave que la sombra y más rápido que las moscas, sus brazos me rodean y su lengua está en mis ojos. Estate quieto tranquilízate cállate ahora mi precioso chico, no te resistas de esa manera o te amaré aún más, porque ya es demasiado tarde para huir o encender la luz, el hombre-araña te está tomando de cena esta noche.” Continuaban cantando The Cure desde el equipo de música.

Lucia recobró el sentido, dándose cuenta de que no estaba en su baño, el suelo era negro, grasiento y frio. Se incorporó viendo el espejo que ahora le mostraba su habitación. De pronto lo entendió, estaba en el otro lado.

Mary la miraba sonriendo desde su habitación, solo que ahora no llevaba un camisón blanco teñido de rojo, ni su cara estaba desfigurada, le había robado su aspecto, su vida. La leyenda decía que al invocarla, ella te mataba, pero no era así, ¿Para qué quería matar a nadie?, Mary no era una asesina, era una víctima, ¿Acaso no conocéis su historia?

Lo único que deseaba Mary, era abandonar el inframundo y recuperar su vida, y Lucia estaba pagando el coste. Sonriéndole ahora sin maldad, Mary alargo su mano, y apoyando la yema de sus dedos sobre las velas una a una, las fue apagando. En ese momento el espejo desapareció, y la estancia donde se encontraba ahora Lucia se tornó completamente oscura.

Unas lágrimas brotaron de sus ojos, manchando su camisón blanco, mientras comprendía que debería permanecer condenada en la oscuridad hasta que otra chica realizara en conjuro de invocación.

—Bloody Mary, Bloody Mary, Bloody Mary—

No podía creerlo, ¿Tan pronto?

Tal vez no fuese tan desgraciada, ya que alguien la estaba invocando. Diviso en el fondo del túnel una luz, y a medida que se acercaba a ella, reconoció que era un espejo. Acelero su paso para llegar a el mientras escuchaba de nuevo el conjuro.

—Bloody Mary, Bloody Mary, Bloody Mary—

Miro a través del espejo, y allí estaba Ana su amiga, en su casa. Del mismo modo que ella había vuelto a jugar en solitario, Ana también lo estaba haciendo.

Pobrecita no imaginaba lo que le ocurriría, Lucia antes amaba a Ana, y nunca le hubiese deseado ningún mal, pero cuando se trata de supervivencia, todo se ve diferente en esta vida, o en esta muerte según se mire.

“Pobrecita, que poco se imagina la condena que le espera. Creo que no podrá realizar sus estudios de derecho —pensó.”

Lucia se puso frente al espejo, ahora su mirada no era de este mundo, era intensa, roja, desenfocada como ausente, pero llena de rabia y odio. Su boca estaba desfigurada, como si la hubiesen agrandado con una navaja. Estaba vestida tan solo con un ligero camisón blanco teñido en parte de rojo, un rojo que se adivinaba como su propia sangre.

Pobrecita Ana, déjala que vuelva a decirlo, espera si, lo vuelve a decir!!!. Lucia soltó una larga carcajada.

—Bloody Mary, Bloody Mary, Bloody Mary—



FIN


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viernes, 17 de abril de 2015

El abuelo


Carlos volvió a entrar en aquella habitación prácticamente a oscuras, tan solo iluminada por una triste luz mortecina que se reflejaba en la tétrica cara de su abuelo.

Estaba asustado, siempre le impresiono entrar en aquella estancia, pero no era extraño que un niño de ocho años no sintiese miedo al ver a su abuelo, al que siempre había conocido en sus pocos años de vida en esa posición, tumbado y asistido por una bombona de oxígeno.

Y si no fuera poco la imagen de su abuelo, esa sensación de pánico aumentaba con el descuidado aspecto de la habitación, tan distinto del resto del piso, un lujoso ático en el centro de Barcelona, pagado con el esfuerzo de Pedro, el individuo que ahora permanecía tumbado en su cama.

Pedro fue uno de esos simpáticos obreros del frente republicano que durante la guerra civil denunciaron a toda persona con afinidades o no al bando nacional, en realidad eso no le importaba, tan solo denunciaba a cualquier ser que le molestase en sus planes.

Curiosamente, cuando las tropas de Franco entraban por la diagonal de Barcelona, Pedro aplaudía emocionado mientras vitoreaba con todas sus fuerzas:

—Franco, Franco, Franco. VIVA ESPAAAAAAAAAAAÑA—.

Ciertamente no sé cómo lo consiguió pero en poco más de unos días, Pedro había pasado de ser “El Lobo” como le conocían en su sección del frente popular, a ser Don Pedro, ciudadano responsable del nuevo régimen, y colaborador en la detención de numerosos activistas “Rojos”.

Que buenos tiempos los del estraperlo y las cartillas de racionamiento, Don Pedro, nuestro Pedro, “El lobo” para muchos excompañeros, consiguió amasar una inmensa fortuna, no sin antes echar del camino a cualquier mequetrefe que se interpusiera.



Pasaron los años, y con llegada de la democracia, Pedro se convirtió en uno de principales avaladores del estado de las autonomías, y del nuevo gobierno de la Generalitat, al fin y al cabo, él era uno de esos que se autodenominaban “Demócratas de toda la vida”.

Pedro tuvo dos hijos Antonio y Adela, al primero lo anulo como persona, lo convirtió en un paria.

—No sirves para nada Antonio, eres lo más inútil que he visto en mi vida —le decía constantemente.

Antonio se suicidó cuando tenía trece años, sumido en una gran depresión provocada por el “Cariño” de su padre.

Adela la madre de Carlos corrió aun peor suerte, aunque no muriera, sufrió las constantes abusos sexuales de Don Pedro. Y Amparo su abuela también sufrió infinidad de palizas por parte de nuestro amigo.

Una Joya Don Pedro, a la que una embolia haciendo justicia universal le había postrado en una cama.

Amparo y Adela se vieron en la obligación de cuidarlo, pero bien sabe Dios que se dispusieron a hacerle sufrir, y mucho. Así que le recluyeron en esa sucia y pequeña estancia dejándolo sin más actividades que sus pensamientos, ya que ni una televisión, ni una radio, ni un mísero libro había en su habitación.

—Que se coma la cabeza —decía Amparo.

—Que se joda ese cabrón —añadía Adela.

De tanto en tanto un “Fortuito” descuido hacía que Amparo derramase sin querer esa sopa hirviendo en el pecho de Pedro, y por la “Mala memoria” de Adela, en ocasiones olvidaba retirar la sonda con sus deposiciones, lo que hacía que esta reventase y se derramase por el piso de la habitación, impregnando todo el lugar con un apestoso aroma, mezcla de orines con mierda, y de sudor corporal producido porque nadie tenía ganas de proferirle ningún cuidado higiénico a Pedro.

Que vueltas da la vida, ¿Verdad Don Pedro? ¿O debería llamarte “El Lobo”?

Que sucia está tu alma Pedrito, tan llena de basura como tu armario, esa chaqueta de lana que lucía tan bonita cuando levantabas tu brazo izquierdo, esa elegante camisa azul con el bordado rojo de falange en el pecho, esa magnífica americana de tus tiempos de demócrata, que más tarde cambiaste por la de pana cuando afirmabas que la solución de España era el PSOE, y que posteriormente relegaste de nuevo para recuperar la americana en tus mejores tiempos Aznaristas.



Sin embargo lo peor de tu armario eran esas zapatillas que hacías ir a buscar a tu hijo Antonio mientras le decías lo inútil que era, esa camisa blanca que siempre se manchaba de sangre después de pegarle una paliza a tu mujer Amparo, y lo que es aún peor si cabe, ese repugnante pijama que te quitabas cuando abusabas de Adela.

Día a día, noche tras noche te visitaban los fantasmas de las pobres personas que habías denunciado tanto a republicanos como a nacionales, y los de las cientos de personas a las que habías arruinada con la única intención de apropiarte de los pocos bienes que poseían. Total, ahora no los vas a disfrutar, tumbado en una cama, sin poder moverte, sin más distracción que tus recuerdos, las visitas de los fantasmas y de Adela y Amparo para quemarte o escupirte en la cara.

Solo te quedaba Carlitos, con el podrías enmendarte, podrías ser bueno y pedir el perdón celestial.

Así que Carlos, venciendo su repugnancia entro en la habitación y se sentó junto a su abuelo.

Triste estampa un niño de ocho años junto a su esquelético abuelo ligado a una máquina que le suministraba el oxígeno necesario para mantenerse con vida.

—Carlitos cariño que ganas tengo de morirme y descansar —dijo Pedro.

—¿Descansar Abuelo? —contestó Carlos.

—Quiero morirme, no aguanto tanto sufrimiento, por favor desconecta la máquina para poder descansar en paz, e ir al cielo, ya que he pedido perdón por mis pecados —le dijo mirándole con cara de inocencia.

Qué lejos quedaba esa mirada de odio de “El Lobo”, y esa mirada de superioridad de “Don Pedro”.

—¿AL CIELO? —preguntó infantilmente Carlitos.

Sin embargo Pedro pudo apreciar un brillo especial en la mirada de su nieto, algo que le hizo estremecerse.

—Me da igual, o al Infierno —le contestó.

Carlitos soltó una larga carcajada, se levantó, y se dirigió a la puerta donde le esperaban Adela, Amparo, y una sombra que se parecía a Antonio.

Se volvió hacia su abuelo y al mismo tiempo padre, exclamando:

—¿PERO DONDE CREES QUE ESTAS INFELIZ?—



FIN



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Último Viaje



Julio volvió a mirar el panel de instrumentos de su nave espacial RX1350N, comprobó la altitud y latitud, y exhaló un largo suspiro.

Permanecía correctamente en la órbita del planeta Exigenes, a quince años luz de la tierra.
Curiosamente ese planeta había permanecido oculto a todos los astrónomos, hasta que finalmente lo descubrió John Pleiton por casualidad un la madrugada del quince de agosto de 2156.

Después de décadas de búsqueda de información en la que fueron necesarios varios vuelos sin tripulación y sondas de reconocimiento, se llegó a la conclusión de que Exigenes podía albergar vida humana, lo que fue la noticia más importante del siglo XXII, después del fin de la IV guerra mundial en noviembre de 2118.

Imagino que el avispado lector del siglo XXI me preguntara acerca de la imposibilidad de hacer estudios y recibir información de un planeta situado a quince años luz del nuestro, en un tiempo relativamente corto. Sin embargo, querido lector, quiero informarte de lo acontecido a mediados de tu siglo.

La III guerra mundial empezó en febrero de 2063, cuando el líder de CPSU (Confederación de países sudamericanos unidos) Pedro Donosti, decidió lanzar una bomba atómica sobre Miami en protesta por el expansionismo del nuevo gobierno Británico, que en el año 2050 volvió a recuperar sus colonias de América del norte.

Fueron duros años, pero no quiero ahora aburrir al lector con datos históricos, o mejor, los reservo para otro futuro relato. El hecho es que durante esa contienda, el mariscal George Tranford de la VII flota estelar de su ya anciana Majestad Felipe VI de España y  ahora también de Inglaterra después de vencer a l armada británica en la batalla de Gibraltar en 2045, anexionando a España el reino de la Gran Bretaña, encargo a un grupo de científicos investigar que había de cierto en las teorías del “Impulso de curvatura”.

Los estudios fueron un gran éxito, y quedo demostrado que existía un modo de viajar no ya más rápido que la velocidad de la luz, sino que había un modo de esquivar esa ley, y alcanzar un punto distante del universo a quince años luz, en menos de cuatro meses.

Y allí estaba Julio, mirando por la pantalla la superficie del sector quinto de Exigenes, donde estaba empezando a amanecer, con el potente zoom de su visor podía acercar la imagen para volver a ver la tumba de Carolina, su mujer, su compañera y madre de sus hijos muertos en la tierra hacía ya cinco años en la gran hambruna castellana producida por el virus épsilon una variante vegetal el ebola que había diezmado todos los cultivos europeos,

Evidentemente se le llamo así porque el científico Alemán que la descubrió Joseph Leinstersman, determino que la primera cepa había surgido a cuarentaicinco kilómetros de Madrid, y por otro lado todos sabemos la mala leche que tienen nuestros amigos alemanes, y el aprecio que nos procesan.

El viaje había empezado hacia un año, y desde hacía poco más de seis meses Julio y Carolina se mantenía en órbita, para realizar pequeños descensos al planeta con el fin de iniciar los cimientos de la primera base Alpha, que sería la estación de llegada de la nueva colonización Humana.
Nuestra querida raza humana, que estaba a punto de destruir el planeta tierra, y ahora necesitaba otro nuevo lugar para asentarse, reproducirse, matarse, y lo que es más importante, buscar el modo de destruir ese nuevo planeta. Porque no nos engañemos, el ser humano no es un animal, es un virus, que se expande y crece en el organismo que parasita con la única finalidad de destruirlo.

Bendita raza humana, ¿Qué haría el universo sin ti?

Ciertamente el Planeta Exigenes podía contener vida, y en realidad la contenía, pero los científicos terrestres no habían sido capaces de descubrir lo que Carolina pago con su propia vida.

El modo en que la naturaleza trataba a los habitantes del planeta era muy distinto al de la tierra, aunque la rotación era similar ya que día duraba veinticinco horas, el efecto que causaba sobre el organismo humano era muy diferente.

Para una persona, esas veinticinco horas sobre la superficie del planeta, representaban más de veinticinco años de vida. Por lo que la primera vez que aterrizaron en la base, después de un largo día de trabajo, se acostaron teniendo treinta años, y amanecieron con cincuentaicinco.

A esta conclusión no llegaron inmediatamente, ya que como científicos, la primera hipótesis fue que estaban enfermos por algún virus, y que ese envejecimiento prematuro podría ser reversible.

Julio volvió a la nave para consultar datos con el computador central, en busca de una posible cura, cosa que no ocurrió, y que por desgracia descubrió al descender de nuevo al planeta. Carolina estaba muerta, al mirar su cadáver descubrí a una anciana de 80 años que tras sufrir una caída y ruptura de cadera, se había ahogado con su propia sangre.

De vuelta a la nave Julio transmitió las informaciones a la tierra.

—Exigenes no es un planeta habitable para los seres humanos—.

Sin embargo no recibió respuesta, el silencio del universo lo asusto.

Observando con sus cámaras XI1200MO que la compañía SansungApple By Google había ofrecido para la construcción de la nave, pudo descubrir que el sistema solar ya no contenía ningún planeta Tierra.
“Bueno —pensó”, era una realidad anunciada, y en ese tiempo en que se fraguaban los inicios de la V y última guerra mundial, algún imbécil decidió utilizar todo el potencial de su armamento nuclear, para lograr un bonito fin de nuestro planeta. “Chimpum, y se acabó”

Así que en este juego, nuestro protagonista era el último ser humano en la faz del universo, además, sin muchas ganas de continuar siéndolo, ya que sus dos días en Exigenes le había convertido en un octogenario cansado y sin motivos para vivir.

Se dispuso a accionar con su dedo el botón que anulaba el servicio de soporte vital de la flamante nave espacial RX1350N, y durante el segundo en que sus pulmones buscaban ese soplo de oxigeno antes de morir, sonrió.

Sonrió irónicamente sin fuerza, para exclamar parafraseando a Neil Armstrong:
—Es una pequeña muerte para un hombre, pero una gran muerte para la Humanidad—.










(Querido lector me perdonaras que haya cambiado el texto de la última frase de Julio para darle más sentido poético a mi escrito. Tanto tu como yo, sabemos que su última frase fue —Iros todos a la mierda—.)


FIN



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El esclavo del móvil


El móvil sonó a las 7 de la mañana emitiendo la sintonía de Hawái 5.0, Pedro tenía ya una edad y esa mítica serie de su juventud le transmitía sensaciones agradables teniendo en cuenta lo duro que era tener que levantarse para ir a trabajar.

Como cualquier móvil actual tenía la función de retrasar el momento de levantarse, seleccionando que volviera a sonar en diez minutos más, y así lo activo Pedro, del mismo modo que lo hacía día tras día.

Tras unos minutos, Carmen la mujer de Pedro al unísono del móvil le pidió, en realidad podríamos decir que le grito, que se levantara ya de una vez.

Pedro se dirigió a la cocina de la casa, y preparo un café, al mismo tiempo que se encendía ese primer cigarrillo del día, preludio de los muchos que iba a consumir durante su ordinaria y predecible jornada. Cogió su móvil y selecciono una aplicación que le permitía escuchar su emisora de radio preferida, y mientras escuchaba las noticias del día, observo como Carmen entraba en la cocina y mientras preparaba su café con leche le decía:

—Pedro, tenemos que hablar, hace tiempo que quiero decirte una cosa — lo que Pedro contestó un pobre —Ummmmm, ¿Qué?—

Le incomodó tremendamente que le hablara, no soportaba que le molestara cuando estaba mirando el correo en su móvil, nunca había comprendido como era posible que Carmen tuviese esa falta de delicadeza para con él. Verdaderamente no entendía cómo podía pensar ella que cualquier tontería domestica era más importante que ponerse al día de las novedades en su correo electrónico.

—Pedro, lo digo en serio, es muy importante que hablemos —dijo ella.

—Carmen por favor, ¿No ves que estoy ocupado? —le respondió Pedro sin hacerle ningún ademan y dirigiéndose al baño.

Pedro se ducho, se afeito y se acicalo en la estancia mientras volvía a escuchar su programa de radio preferido a través del móvil. El parte meteorológico, la información del tránsito, y las novedades políticas de actualidad, eso era más importante que escuchar lo que quería decirle su mujer.

Sonó el WhatsApp de su grupo de aficionados a la pesca, un mensaje de un tal Arturo, le informaba sobre la pesca de la trucha el pasado fin de semana. Pedro se detuvo, contesto, pregunto y volvió a preguntar, francamente interesado. Por fin algo que le motivaba por primera vez en este triste martes.

Ya en el vestidor, y por supuesto escuchando música a través de su móvil, termino de vestirse con un impecable traje gris marengo, su camisa azul celeste, corbata burdeos con motivos ocres, y sus zapatos color marrón, cuyos cordones ataba mientras escucha en su móvil sympathy for the devil de los Rolling Stones.

Al salir en busca de la puerta encontró a Carmen apoyada en la pared, todavía vestida con su bata, y con una taza de un nuevo café con leche en su mano.

—Pedro, de verdad tenemos que hablar—.

El móvil sonó, era una llamada de la oficina, Pedro le hizo un gesto con la mano indicando que después hablarían, mientras contestaba a la llamada, y tirándole un beso al aire abrió la puerta y salió a la calle sin proferir ninguna palabra, en realidad, sin proferírsela a Carmen, ya que a su interlocutor telefónico sí que lo atendió con sumo interés.

Pedro entro en el metro, curiosamente encontró un sitio para sentarse, al tiempo que sonaba un nuevo mensaje de WhatsApp, en esta ocasión, se trataba de su grupo de amigos de la facultad, se avecinaba una reunión de exalumnos, genial evento para poder presumir de sus logros profesionales, como nuevo socio del bufete de abogados Sánchez Elorriaga y asociados. Presumir delante de sus excompañeros de sus trajes a medida, por cierto carísimos, sus tres viviendas en propiedad, su fabuloso mercedes, y como no, de su matrimonio con Carmen Sotomayor de Albadalejo, de los Sotomayor de toda la vida, afincados en Burgos, desde tiempos de Isabel la Católica.

De pronto su nuevo, exquisito y casi exclusivo IPhone 6 emitió el tono de llamada.

Pedro como no podía ser de otro modo, atendió presto la llamada.

—Diga, si, si toda la instrucción está preparada, descuide que en un cuarto de hora estoy en la oficina—.

Pedro no era consciente de los decibelios con los que hablaba, de que todo el vagón de metro le estaba observando. Dios, como era posible gritar de esa manera sin ser consciente del tono de su voz.

Al llegar a la oficina y después de una mañana de trabajo, Pedro salió a almorzar con Juan Carlos, uno de los socios del Bufete. Se sentaron ambos en un elegante restaurante, y tras el primer plato, el móvil de Pedro volvió a sonar.

Indiferente a su compañero, contestó y permaneció hablando con un cliente hasta que el camarero sirvió los postres.

—Disculpa Juan Carlos, era de vital importancia que atendiera esta llamada—.

Juan Carlos, permaneció en silencio, pensando que tal vez sería mejor esperar a mañana comunicarle que el bufete tenía intención de despedirle.

Volvió al trabajo, y como era una tarde un poco aburrida y falta de actividad laboral, por lo menos que el interpretase como urgente, decidió jugar un rato con su móvil al Candy Crash, actividad que le llevo hasta el final de la jornada.

De vuelta en el metro, y con la suerte que estaba teniendo esta temporada, encontró de nuevo sitio donde sentarse, y poder relajarse para escuchar música, y leer un libro descargado en su fantástico IPhone 6.

Eran ya las 10 de la noche y Pedro andaba hacia su casa atendiendo un nuevo mensaje de WhatsApp, esta vez del grupo de aficionados al vuelo de cometas, un excelente y ocurrente mensaje hizo que emitiera una sonora carcajada, que casi consigue apagar el estridente sonido de la bocina de un automóvil, que tras realizar una rotunda frenada consiguió evitar atropellarle.

—Anormal, deja de mirar el móvil y mira por donde andas —le gritaron.

Pedro, ni se inmuto, tan solo se giró durante un segundo, para observar cómo se marchaba ese Ford Mondeo, y pensar para sus adentros, lo loca que esta la gente conduciendo, y lo desagradables e inapropiados que son los improperios del conductor.

Por fin, llego a casa, tras abrir la puerta, se desato sus zapatos, y los lanzo despreocupadamente al pasillo, al tiempo que voficeferaba para llamar la atención de su mujer.

—Carmen…….Carmen… ya estoy en casa—.

El silencio fue la única respuesta que escucho. Estaba solo, y eso era prefecto, para poder conectar la televisión y a través del Apple TV, poder visionar videos musicales, sin que la estúpida de su mujer le molestara.

Se hizo la cena, una escueta tortilla a la francesa, y unas patatas fritas congeladas, sin observar que al lado de la encimera había una nota escrita en papel.

Realmente no dio importancia a ese papel, ya que en pleno siglo XXI, según su entender, una papel no podía ser más que basura, ya que un mensaje importante se debía enviar o bien por WhatsApp o bien por mail.

Se puso su pijama de seda, llamo al móvil de Carmen, pero le salió el buzón de voz. No se preocupó, ya que imaginó que estaba en casa de sus padres, como últimamente estaba haciendo, sin previo aviso.

Por supuesto si hubiese pasado algo importante ella le habría enviado un WhatsApp.

Así que Pedro configuro el despertador de su móvil, y se acostó, no sin antes disfrutar de las fabulosas ocurrencias de su socio Juan Carlos, en el grupo de WhatsApp sobre maduras infieles.

Mientras Pedro estaba en los brazos de Morfeo, en la basura estaba un triste papel que decía:

—Pedro, después de intentar hablar contigo mil veces, y de no hacerme caso, te dejo esta nota para explicarte que me marcho, que no te aguanto, que me voy con Juan Carlos, tu socio. Él sabe cómo hacer feliz a una mujer. Ojala me hubieses prestado a mí, la atención que le prestas a tu móvil. Firmado, Carmen—.


FIN



Relato incluido en el libro "38 Relatos Cortos - Volumen I" 
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Rendición


CAPITULO 1

Washington, 6 de junio de 1944, 6:00 PM

El teléfono, volvió a sonar, Frankin D. Roosevelt, sentía pánico, esa llamada podría confirmar el principio del fin.

—Dígame Ike, sea claro y no de más rodeos —dijo en tono duro.

—Señor, está confirmado, un verdadero desastre, estamos reagrupando las tropas, para realizar una evaluación de daños, pero puedo adelantarle que ha sido una de las derrotas más abrumadoras de mi vida —contestó Dwight David Eisenhower.

Roosevelt, notó el temblor en la voz de Eisenhower, al tiempo que el sudor llenaba su frente, era la única noticia que nunca esperó oír. ¿Podría significar, perder esa Guerra?

—Señor presidente, debo informarle, que en las playas de Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword. Las bajas han sido entre el setenta y noventa por ciento, nuestros buques han sido hundidos por la aviación alemana, y por la artillería de las torres de vigilancia a las que subestimamos. Tal vez el plan de Churchill de atacar en el frente este, hubiese sido mejor opción —dijo Ike.

—Ya lo sé general, nos empecinamos demasiado en perforar la muralla atlántica —le contesto Roosevelt.

—Señor, las condiciones eran ideales. Pero los alemanes, nos estaban esperando, conocían a la perfección todos nuestros movimientos. El cebo de Calais, no ha funcionado, sabían que no les atacaríamos en ese punto. No tenemos noticias de los más de diecinueve mil paracaidistas que hemos enviado, la situación ha sido insostenible, hemos retirado los pocos hombres y material que nos ha quedado, y los estamos reagrupando nuevamente en Inglaterra —dijo Ike.

—General, envíeme un informe detallado de bajas y perdida de material, esta matanza es inasumible para el pueblo americano, mañana recibirá órdenes para el programa de regreso a casa de todos nuestros soldados, voy a contactar con nuestros aliados y con las autoridades alemanas, EEUU, deja la guerra —lanzó Roosevelt, casi como un suspiro.

CAPITULO 2

Washington, 15 de Septiembre de 1945

Había pasado más de un año de la derrota de Normandía. En la casa blanca, se encontraba Harry S Truman, desde el fallecimiento de Roosevelt, que paso a la historia como el primer presidente de EEUU, en perder una guerra.

—John, quiero que renegocies este tratado comercial, no podemos estar enviando más petróleo a Alemania —dijo Truman.

—Señor presidente, ya sabe usted que estamos obligados a respetar los precios fijados por Berlín —contestó John Carlson, secretario de comercio nombrado por la ANS (American Nacional socialista) organismo de regulación creado en diciembre de 1944.

Truman golpeo la mesa, y gritó a Carlson que abandonara la habitación. Se recostó en el sillón, cerrando los ojos y recordando cómo habían llegado a esta situación.

El 15 de Agosto de 1944, Roosevelt voló a Alemania para firmar el “Tratado de Berlín”, por el cual se estipulaba que EEUU, negociaba su retirada de la guerra, debiendo pagar indemnizaciones económicas, por los desastres causados, y aceptaría la política de precios para exportación, fijada por Alemania.

En Diciembre de 1944, se creó la ANS (American nacional socialista). Organismo que formaría parte del gobierno americano, con 7 secretarios, designados por el mismo, para velar por el cumplimiento del “Tratado de Berlín” el resto del gobierno se seguiría fijando por sufragio universal, pero el secretario de comercio sería un cargo vitalicio de la ANS

En Enero de 1945 Gran Bretaña fue invadida en Dover, no hubo resistencia, y tres semanas más tarde Jorge IV, abdicó siendo desterrado a Australia.

El 25 de Febrero de 1945 en consejo de ministros en Berlín, se constituyó la Comunidad Europa Alemana, que agrupaba a Alemania, Gran Bretaña, Irlanda, Francia, Bélgica, España, Portugal, Luxemburgo e Italia. El gobierno único de esta comunidad tuvo la seda en su capital, Berlín, y su presidente era Adolf Hitler.

El frente del Este seguía abierto, eso era una cosa que preocupaba mucho a Hitler, era el momento de pasar de nuevo a la acción.

CAPITULO 3

Berlín, 3 de Marzo de 1945

El consejo de guerra de la Comunidad Europa Alemania, estaba reunido en pleno, presidido por Adolf Hitler. Los generales Gerd Von Rundstedt, Fiedrich Dollman, y Enwin Rommel, como grandes vencedores de la contienda de Normandía, formaban ese consejo.

La nueva constitución de este país Europeo, tras la victoria sobre Gran Bretaña, y la rendición de EEUU, era ya una realidad, pero el plan de Hitler, estaba en punto muerto, quedaba derrotar al ejército ruso.

El General Patton, al mando de la “División Americanos por la nueva Europa”, formada por sesenta mil voluntarios americanos estaba a las puertas de Moscú.

—Main Führer, El general Patton, se ha adelantado a nuestras tropas, y solicita su aprobación para lanzar la bomba nuclear sobre Moscú —dijo Rommel.

Hitler se quedó contemplándolo en silencio con mirada ausente.

—Llamen a Stalin y pásenmelo inmediatamente —ordenó Hitler.

En pocos minutos Stalin estaba en el otro lado del teléfono.

—Tienes 24 horas para la rendición incondicional, si no ordenare a Patton que lance la bomba atómica sobre Moscú. Ya sabes que permití a los EEUU, lanzarla hace un mes sobre Tokio —amenazó Hitler.

Efectivamente hacia un mes que Hitler autorizó a través de la ANS, el uso de la bomba atómica, sobre su aliado Japonés, La verdad es que nunca habían sido de su agrado esos orgullosos amarillos. Además ahora con EEUU, como país bajo su influencia, prefería un Japón siendo el 52 estado de la unión. Sobre todo teniendo un gobernador de la ANS.

ؙ—No puedo hacer otra cosa que rendirme, no quiero más vidas masacradas en mi conciencia —dijo Stalin.

Tres días después se firmó el “Tratado Rojo”, por el cual la URSS, pasaba a ser un estado independiente, bajo supervisión en su gobierno de funcionarios de la recién constituida Comunidad Europa Alemania.

El 7 de Marzo de 1945, la guerra había terminado, toda la vieja Europa, menos Rusia formaba parte del nuevo país Comunidad Europa Alemania. El pacifico formaba parte de EEUU, y de su gobierno títere.

CAPITULO 4

Washington, 7 de Marzo de 1955

El Presidente de los EEUU Robert Tracy, se encontraba con una delegación de su gobierno y la plana mayor de la ANS, en el aeropuerto internacional Wagner de Nueva York, para recibir con los máximos honores a Adolf Hitler.

Sonaba la banda de la Base Militar nº27 del Ejercito de la Comunidad Europa Alemania. Era una de las 32 Bases que ese país tenía en suelo americano desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Su función era garantizar la defensa de EEUU como estado aliado de la OMNS (Organización Mundial Nacional Socialista)

El avión ya había aterrizado y Hitler asomó su cabeza mirando a la multitud, que le vitoreaba y aplaudía, en su primera visita a EEUU, para conmemorar el 10º Aniversario de la Victoria total. Una vez en los despachos de la ANS, Hitler se dirigió al presidente.

—Mira Robert, he decidido cuál va a ser el destino, de todos los judíos que tenemos concentrados tanto en nuestros campos, como en los vuestros. He decidido crear un estado en Palestina, y les dejaremos formar su país, con la condición de que nunca lo abandonen —dijo Hitler.

—Excelencia, creo que ese un plan de gran envergadura, sin embargo, si podría ser la solución a este problema que siempre os a atormentado —le respondió Robert Tracy.

El presidente tampoco tenía demasiadas ganas de discutir con el canciller de la Comunidad Europa Alemania, conocía muy bien su carácter, y no estaba dispuesto a llevarle la contraria, y menos aún plantearle la duda sobre cuál sería la reacción de los palestinos, sabía que ese no era su problema.

Hitler dirigía un régimen autoritario, y ciertamente esos primeros años de la postguerra fueron muy duros para todos, sin embargo tenía que reconocer que la economía de su país era envidiable, Estados Unidos, era el granero y el suministrador de Petróleo de la Comunidad Europa Alemania.

Cada día llegaban de Europa nuevos adelantos alemanes, que los americanos querían comprar: Lavadoras, Neveras, Coches, y televisores. La balanza comercial no podía estar más a favor del otro lado del Atlántico.

CAPITULO 5

Paris, 15 de Diciembre de 1961

Alan Renuoi, Responsable de gobernación en la Provincia de Francia, acababa de regresar del encuentro de líderes provinciales de la Comunidad Europa Alemania, en Berlín. Estaba reunido con Antoine Sinfon, Director de la Policía provincial Francesa, la

“Gestagendarmeria”, discutiendo acerca del punto clave del encuentro.

—Director, estamos en unos momentos muy complicados, muchos jóvenes, se niegan al reclutamiento para ir a la guerra de Vietnam, en las universidades, los estudiantes se manifiestan casi a diario, y los partidos políticos prohibidos, que hasta ahora se mantenían silenciosos en su exilio en Argentina, están enviando fondos para los ayudarlos. Tenemos que terminar con esta situación, es una orden directa del vicecanciller Herman Toldrich —dijo el gobernador.

—¿Puedo hablarle con Franqueza? —preguntó el director de la Gestagendarmeria

—Por supuesto —contestó el Gobernador.

—Estamos mandando cargas policiales, contra los estudiantes y demás manifestantes, pero parece que cada vez son más. El Vicecanciller Toldrich, es un Hombre de principios, a la antigua usanza, brazo derecho del Fuhrer, pero en confianza, creo que Hitler está ya muy mayor, y nombrar a Eric Smith, ese Joven Coronel de 40 años como su sucesor en la presidencia el día que el muera, ha sido un error —dijo Sinfon.

Ciertamente, Hitler estaba mayor, y nombró al consejero Smith, un Joven de 40 años, prácticamente sin experiencia su sucesor. Todo el mundo esperaba el Nombramiento de Toldrich, del ala dura del partido, Al ser Smith el delfín de Hitler, la política nacional socialista se había relajado muchísimo.

La recién iniciada Guerra en Vietnam, contra el nuevo imperialismo Chino, estaba costando muchas bajas, y no solo de las tropas reclutadas en América, sino de gente de la Comunidad Europa Alemania.

CAPITULO 6

Berlín, 2 de Noviembre de 1964

Eran las 7:30 de la mañana, la gente empezaba a levantarse en la Comunidad Europa Alemania, para iniciar un día de trabajo. Al conectar sus radios y televisores, descubrieron que todas las emisoras estaban emitiendo marchas militares. La gente esperó lo peor, o lo mejor según qué casos. A las 8:30 se inició en televisión un programa de parte nacional especial. La cámara enfocaba la cara destrozada por el dolor del vicecanciller Herman Toldrich, que casi sin poder contener las lágrimas se dirigió a los espectadores.

—Alemanes, Hitler a muerto —dijo prácticamente sin fuerza en su voz.

La reacción del pueblo fue dispar, unos lloraban, y otros en cambio descorchaban botellas de Champagne. Lo cierto es que era la crónica de una muerte anunciada, lo habían estado manteniendo con vida artificialmente, debido a los problemas en que se encontraba la nación. La guerra de Vietnam, estaba siendo un fracaso, y el consejo militar estaba estudiando una salida honrosa al conflicto.

El ala dura del partido, encabezada por el vicecanciller Herman, y el Mariscal Klux Wenderman, eran partidarios de un ataque nuclear a gran escala sobre Pekín, instigador de los vietnamitas. Sin embargo el delfín de Hitler, el coronel Eric Smith, utilizó todas sus artimañas políticas, para impedirlo. Él era partidario de pactar con China, la anexión de toda Asia, y gran parte de la U.R.S.S, siempre que esta firmase un tratado con la Comunidad Europa Alemania, de no agresión. El mundo había quedado repartido en tres grandes naciones:

La comunidad Europa Alemania, que comprendía toda la antigua Europa, hasta 200 Kilómetros al este de Moscú, y toda África. La Congregación China que comprendía toda Asia, y recientemente gran parte de la antigua URSS, Y EEUU que comprendía toda América, y Japón.

CAPITULO 7

Berlín, 12 de Febrero de 1969

Después de casi 5 años de reformas democráticas llevadas a cabo por el Fuhrer Eric Smith, el País sufrió un golpe de Estado. El Exvicecanciller Toldrich, instigador de este apareció de nuevo en un programa especial de televisión.

—Alemanes, En el día de Hoy, tras una semana de contienda, tengo que informaros de los siguientes puntos: Se ha constituido el Nuevo gobierno Nacional Socialista, tras la ejecución sumarial de Eric Smith. Yo he sido nombrado por el nuevo gobierno, como Fuhrer. Se suprimen de nuevo todas las libertades otorgadas en estos últimos años, libertad de reunión y de expresión, y se prohíben todos los partidos políticos. Queda abolida la constitución, y desmantelado el Parlamento y el Congreso. Los Senadores y Congresistas serán juzgados para responder de sus actos—.

Dos meses después, la Comunidad Europa Alemania, atacaba nuclearmente por sorpresa China, millones de personas murieron, y todo su territorio quedó en cuarentena, para ser conquistado y repoblado.

Los Militares alemanes destinados en las bases americanas tomaron el gobierno y EEUU, se Anexiono definitivamente a la Comunidad Europa Alemania. Tan solo quedaba una gran nación en el mundo, y estaba dirigida por el Nuevo Fuhrer Toldrich.


De pronto el fuego enemigo me despertó de mi letargo.

La barcaza abrió sus puertas, mientras el Capitán Clevin, nos instaba a desembarcar.

-“Venga Chicos, tomemos esta maldita playa”

Estaba en Normandía y era junio de 1944,……todo había sido un mal sueño.

FIN 

Relato incluido en el libro "38 Relatos Cortos - Volumen I" 
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