miércoles, 23 de diciembre de 2015

Necesito un logodepa



Toal!!!  goten que sarcandes un copo. No sé qué me sapa temenmatiul rope doancu goten tres mil jessamen y roquie lostartescon temendapira, me goha un domentre lio yo loso.

Depue que se tetra tan loso de un copo de treses…Ajajaj. Rope goal me cedi que tosicene un copo de dayua nalsiofepro, asi que recabus un LOGODEPA.

Trao cionop es tartenin cerha doto de un domo más tolen rope roguse. Moco cendi los nosliatai, nopia nopia se va notalon, tefor tefor se va a la temor.

Nardoper la mabro, rope es que hoy me he dotavanle con el mala dachonca. En el enbu dotisen de la bralapa.

NIF.

martes, 22 de diciembre de 2015

Si es blanco y en botella, no puede ser leche



     La presente reflexión está basada en un hecho completamente real, aunque pueda parecer surrealista.

       Esta mañana me encontraba en la parada del autobús esperando. La calle estaba completamente desierta, tan solo una mujer, que se acercaba lentamente portando lo que parecía una bolsa de basura. Cuando llegó a mi altura e intercambiamos los educados buenos días, ella comenzó a mantener conmigo una conversación trivial. Hay que ver cómo está el tiempo, ¿Hace mucho que no pasa el bus?, el transporte público está fatal, y un largo etcétera.

       Todo normal y corriente hasta que poniéndose muy seria me preguntó:

       —¿Qué tienes para mí?

       —¿Disculpa? —le pregunté extrañado.

       —Tienes algo que necesito, entrégamelo ahora —insistió.

       —Perdona, pero creo que te equivocas de persona —repliqué.

       —No, sé que eres tú. CNI, ¿Te suena?

       —¿CNI, centro nacional de inteligencia? Te aseguro que te estas equivocando.

      —No, no me equivoco, necesito que me entregues lo que tienes para mí —me repitió varias veces.

      El autobús llegó y me dispuse a subir mientras ella seguía insistiendo. Cuando comenzó la marcha del vehículo, la observé por la ventanilla. Ella continuaba mirándome fijamente desde la parada con aires de haberse quedado completamente contrariada.

       Repito que no se trata de un relato, es completamente real. Mientras continuaba con mi viaje, no pude evitar reflexionar sobre lo ocurrido. “¿Es una loca, una perturbada, o es realmente alguien del CNI? —me cuestionaba”.

       No creo que fuese ninguna agente secreta, porque de ser así, nuestro servicio de inteligencia tiene que estar muy, pero que muy mal.

       Los que me conocen saben que mi modo de vestir es clásico, casi siempre con trajes oscuros, camisa blanca y corbata, pero de ahí a confundirme con James Bond va un largo trecho.

     ¿Los agentes secretos deben llevar un cartel en la frente donde indiquen que lo son? ¿Sería un buen agente secreto alguien infiltrado de esmoquin en una reunión de un grupo terrorista? No creo que alguien vestido como para ir al casino royal pasase desapercibido en una manifestación de “No a la guerra”. Eso puede estar bien en las películas, pero no en la vida real.

     Un buen agente secreto debe parecer cualquier cosa menos un agente secreto. James Bond en el mundo actual sería un pésimo miembro de un servicio de inteligencia competente.

     Entiendo que en las películas se opten por arquetipos para que ya desde el inicio de la misma los espectadores tengamos claro quién es el gánster, el espía, o que pareja de desconocidos son los que se van a enamorar. Pero en la vida real no puede ser así.

     En el mundo de los espías nada debe ser lo que parece. ¿Blanco y en botella?...Es cualquier cosa menos leche.



domingo, 20 de diciembre de 2015

Navidad en el frente



Las Ardenas, 24 de diciembre de 1944.

El sargento “Maldad” continuaba gritando y lanzando puntapiés al aire pese a que el último de los hombres de nuestro pelotón había alcanzado ya la cima de la colina.

El espectáculo era desolador. Una pequeña granja destruida, y dos niños alemanes con su abuela calentando un triste caldo de hierbas en una hoguera.

Algo cambió en aquel hombre. “Maldad” nos pidió nuestras raciones de campaña y las chocolatinas. Sin mediar palabra se las entregó. Vi por primera y última vez su sonrisa. Desde aquel día para nosotros se convirtió en el sargento “Claus”.


Micro relato aportado al concurso del círculo de escritores:
http://elcirculodeescritores.blogspot.com.es/2015/12/concurso-de-microrrelatos-navidenos-ii.html

Arrestando a Santa Claus



     —El viejo ha caído, capitán —informó el agente Collins.

     Paul Morris sonreía mientras colgaba el auricular del teléfono. “Chris kringle alias Santa Claus, te tengo —se dijo”.

     —Maldito degenerado. ¿Creías que no lo recordaría?

     Los cargos contra el señor Kringle eran irrefutables. Un anciano que vive escondido rodeado de preadolescentes esclavizados a los que llama elfos. Un individuo que se cuela con nocturnidad por las chimeneas en las casas donde hay niños. "Te vas a pudrir en presidio, cerdo pederasta".

    —¿Por qué no me dejaste la bicicleta que te pedí? —preguntó Morris. Nunca se lo había perdonado.



Relato presentado a : 
CONCURSO DE MICRORRELATOS NAVIDEÑOS "LA CARA OCULTA II"


lunes, 14 de diciembre de 2015

La pobreza es la excusa de los perdedores


     ¿Eres pobre? No me das ninguna pena, seguro que eres un vago sin remedio.

     La pobreza es la confirmación del fracaso como persona. Quienes no pueden disfrutar de unas semanas de sky en suiza, una buena regata en su velero, o conducir a doscientos por hora un Ferrari por la autopista, no saben lo que se pierden.

     Lo que me fastidia es que solo sabéis quejaros y criticarnos a los ricos. La culpa es vuestra, deberíais haber trabajado más duramente, y hoy seríais hombres de provecho como yo.

     Sí, es cierto que nací en una familia acomodada, pero eso no quita que me lo haya “Currado” como decís los pobres. Ya desde el colegio empecé a cosechar amistades que serían muy provechosas en el futuro. ¿Tú que hacías en aquella época, jugar en el patio de la escuela?

      Mientras tú pasabas las vacaciones holgazaneando en tu casa, yo tenía que acudir con mis papis a fiestas en Marbella, Baqueira, o Palma de Mallorca. Si, puede sonar divertido, pero conocer a gente importante y codearte con la Jet Set es primordial si quieres ser millonario.

     ¿Por qué te crees que me casé con Doña Ana de Sotomayor y Campo grande, porque la amaba? El amor es para los tontos, me uní en matrimonio con esa “momia” para consolidar mi posición social. Tú buscabas a una guapa, que seguramente a día de hoy ya será una gorda obesa en zapatillas y bata de boatiné. Yo me casé con la fea, pero a mis sesentaicinco años me acuesto con todas las modelos jovencitas de veintidós años que salen en las revistas. Tu nunca podrás ni acercarte a un pivon así, y mucho menos disfrutar de todas las fantasías sexuales que se hacen realidad para alguien como yo.

     ¿Por qué no trabajaste duro, vago patético?

     Ya con quince años me afilié a las juventudes del partido chachi. Pegaba carteles y acudía a mítines mientras tú mirabas la televisión. Con veinte años fui nombrado concejal de urbanismo de mi ciudad. No descansaba, constantemente me esforzaba por recalificar terrenos y perseguir a los contratistas para cobrar las comisiones que me había ganado.

      Con tan solo treintaicinco ya era ministro de industria. Privaticé todas las empresas públicas para sanear el país. ¿Qué hacías tú por la patria? El que fueran adquiridas a precio de saldo por mis amigos fue una pura casualidad. ¿Cómo te atreves a criticarme?

     Tras años dedicados al servicio público, decidí empezar una aventura en el sector privado. Ya estaba bien de luchar por los demás, debía empezar a pensar un poco en mi mismo. Curiosamente una de mis amistades que había adquirido el grupo energético Frendosa, me ofreció un cargo en el consejo de administración. Trabaje duro de sol a sol para demostrar mi valía, algo que vosotros los desarrapados no habéis hecho nunca.

     Al final fui nombrado director general. Conseguí alcanzar los cinco mil millones de beneficio anuales y salimos a bolsa. Todo funcionaba perfectamente hasta que una auditoria mintió afirmando que estábamos en quiebra técnica.

     ¿Qué me importa a mí que todos los accionistas perdieran su capital? ¿Si no entienden de bolsa por que se meten? Los pobres siempre metiendo la pata. ¿Habéis perdido vuestros ahorros? Total tampoco teníais tanto.

      Bueno os dejo, que estoy negociando con mis amiguetes del gobierno para solicitar un rescate, que por cierto lo pagaras tú.

      Yo no tengo la culpa de que seas un miserable sin clase. Haber sido constante en esta vida como yo.

     
       Feliz navidad atontaos.



domingo, 13 de diciembre de 2015

El Robin Hood de la navidad - II Parte


     Robín Hood vuelve a tu casa por navidad.

     Este relato es la segunda parte de la historia de nuestro Robín Hood Navideño. PULSAR AQUÍ, para leer la primera entrega.

     Debido a la sugerencia de mis dos amigos y compañeros de letras Francisco Moroz, y Julia Cambil, he sucumbido a su excelente idea de proporcionar otro final a esta historia. Sin más dilación continuamos con el relato…



       Roberto Bosques fue condenado a dos años de presidio por irrumpir en una propiedad privada. En principio no debería haber cumplido esa condena por carecer de antecedentes penales, sin embargo y gracias a la insistencia ante las altas instancias de la millonaria Ana Zapatin, el tribunal supremo dictaminó que fuera encerrado en las modernas mazmorras de Alcalá Meco.

       Su estancia en aquellas instalaciones le llevo a conocer a Pedro Panza, su compañero de celda. Le habían encerrado por trilero y estafador de turistas en la puerta del sol de Madrid. Pedro se convirtió en su protector en la cárcel. El carácter noble de Roberto hizo mella en el alma de Pedro Panza, quien lo vio como un caballero a la antigua usanza, luchando contra los poderosos molinos para que las causas justas encontraran un buen final. Desde ese momento decidió ofrecer sus servicios como fiel escudero.

       Los días pasaron, y con ellos las semanas y los meses, hasta que llegó el momento de la puesta en libertad de nuestros dos amigos.

      —Somos libres Pedro. Ahora puedes escoger entre vivir tu vida, o luchar contra la injusticia —dijo Roberto.

       —Siempre a su lado señor, deshagamos crueles entuertos —fue la respuesta de Pedro Panza.

     Ambos partieron hacia el pequeño motel que los servicios sociales les habían proporcionado. Disponían de tres semanas de alojamiento pagado generosamente por el estado.

     Se acomodaron en aquella triste estancia. Había llegado el momento de trazar su plan, y así lo juraron ante los mapas de las urbanización “Los dinereti” donde se encontraba la mansión de Ana Zapatin.

     —Señor, junto a la casa de la banquera, se encuentra la vivienda del Luis Sefuertez, el último tesorero del Partido Actual —dijo Pedro.

      —¿Ah, pero ya ha salido de la cárcel? —preguntó Roberto.

     —Pues eso parece. Según este viejo periódico, fue indultado hace un mes por el presidente del gobierno Joviano Majoil —respondió Panza.

     Aquello se mostraba como una excelente oportunidad de resarcirse. Faltaban dos días para la nochebuena, y sin duda Santa Claus dejaría gran cantidad de regalos en aquellas dos mansiones. “Tiene que haber algún modo de encontrar un final feliz para los humildes —se repetía obsesivamente Roberto”.

      Después de trazar el plan, alquilaron una furgoneta con la que se apostaron frente a la residencia de Ana Zapatin. Esta vez no podía fallar, Roberto tenía que lograr su objetivo.

      —¿Entramos compañero? —pregunto Pedro Panza.

     Roberto no le contestó, simplemente le agarró por el brazo para que le siguiera. Tal como hizo años atrás, saltaron aquel alto muro, reptaron por el césped del jardín, y se introdujeron en la casa por una ventana. De nuevo visualizo aquel gran salón con su árbol de navidad, bajo el cual se encontraban cientos de bonitos regalos.

      —Alto —gritaron los miembros de seguridad.

    Pero en esta ocasión Roberto estaba preparado. Pedro Panza lanzo dos bombas de gases lacrimógenos, al tiempo que le entregaba a su compinche una máscara antigás. Todos cayeron aturdidos enfrentados a grandes dolores mientras ellos recogían los regalos para introducirlos en su furgoneta.

     Al realizar un último vistazo, Roberto vio a Ana Zapatin tumbada en el suelo, retorciéndose de dolor por el efecto de los gases. Se dirigió hacia ella agarrando su cabeza para decirle al oído:

     —Disfruta de mi regalo de navidad. Conoce el dolor de la gente que no tiene nada, aquellos a los que vosotros habéis arruinado por vuestra codicia. Mañana muchos niños pobres disfrutaran de los regalos que tú y el corrupto de tu amigo Luis Sefuertez habéis comprado a vuestros hijos con lo que robasteis a la gente. Esta es el verdadero espíritu de la navidad, devolverle al pueblo lo que es del pueblo.



Ahora sí. Feliz navidad, amigos.



El Robin Hood de la navidad.


      Roberto Bosques, sargento de ingenieros destinado en Irak, regresó a Valencia tras un año de servicio. No podía volver a su casa porque ya no le pertenecía. El Banco Camargo Céntrico Latino había ejecutado el desahucio.

     Sus ancianos progenitores fueron literalmente arrojados a la calle sin lugar a donde ir. Antonio, su padre se quitó la vida lanzándose al vacío desde el quinto piso mientras la policía arrastraba del cabello por el pasillo a su octogenaria madre suplicando que la dejasen permanecer en la vivienda. Carmen falleció tres meses después debido a una pulmonía, su viejo cuerpo no estaba preparado para dormir en el parque con tan solo unos cartones resguardándola del frio.

      Roberto descendió del tren mirando a izquierda y a derecha. Debía decidir cuál sería el camino a seguir. Se alejó lentamente de la estación absorto en sus pensamientos, caminó durante horas sin rumbo hasta que abandonó la ciudad y llegó a un bosque. Sacando de su mochila un viejo saco de dormir, decidió acampar y encender una pequeña hoguera.

     La rabia le consumía, había llorado en Irak la muerte de sus padres sin poder hacer nada al respecto. El deber para con la nación estaba por encima de los problemas personales. Pero ahora era un civil, ya no le debía nada a esa patria que le había tratado tan bien. Había llegado el momento de hacer justicia.

      La noche del 24 de diciembre se apostó frente a la mansión de la magnate Ana Zapatin, heredera del grupo financiero Camargo tras la muerte de su amado padre. Había planeado una acción de venganza simbólica, se convertiría en el Robín Hood de las navidades, robando los regalos de los niños ricos para entregárselos a los niños pobres.

    Esperó hasta que las luces se hubiesen apagado, y lenta pero precisamente debido a su entrenamiento militar escaló el muro de la finca, se arrastró por el jardín, y entró a través de una ventana tras cortar los cables de la alarma.

      Llegó a un gran salón donde junto a una chimenea humeante y un gran árbol de navidad habían cientos de juguetes. “Los hijos de Ana Zapatin” no van a poder disfrutar de ellos al amanecer —se dijo”.

     Se estremeció emocionado imaginando la escena de unos niños pobres jugando que aquella multitud de juguetes gracias a él. Un poco de justicia social, pese a ser simbólica, sería una buena lección para todos esos ricachones usureros.

      —No mueva ni un dedo —ordenó uno de los doce guardias de seguridad que entraron de pronto.

      Roberto observó como una docena de fusiles de asalto le apuntaban directamente a la cabeza. Su plan había fracasado. Mientras levantaba los brazos en señal de rendición, Ana Zapatin que acababa de entrar en la estancia se situó muy cerca de él.

      —Sabía que vendrías. ¿De verdad pretendías arruinar el espíritu de la navidad? —preguntó.

     —¿Arruinarlo? Robar los juguetes de los niños ricos para regalarlos a los pobres hubiese sido justicia navideña. Llevar alegría a los que no tienen, hacer felices a los necesitados, esa es la verdadera navidad —replicó Roberto.

      Ana Zapatin emitió una larga y sombría carcajada que penetro terroríficamente hasta lo más hondo de su corazón. Agarro con sus manos las mejillas de Roberto, apretándolas con fuerza mientras le susurraba al oído:

      —Infeliz, no creas en duendes. La verdadera navidad es la de los ricos. Hemos estado expoliando a los miserables de tu clase día tras día durante todo el año, para que nuestros retoños disfruten de la sangre que os hemos quitado. Los regalos que ves, los que les ofrezco a mis hijos son el fruto de robaros todo lo que poséis a los parias de la sociedad. Robar a los pobres para dárselo a los ricos, ese es el verdadero espíritu de nuestra navidad.



jueves, 10 de diciembre de 2015

La mano negra también fue a EGB


     Los más jóvenes posiblemente no entiendan nada de esta reflexión, pero si tu perteneces a la generación del Baby Boom, españoles nacidos entre los años sesenta y los setenta, seguro que recuerdas de lo que estoy hablando.

     Si alguna vez has discutido sobre las diferencias entre los videos beta o VHS, has enrollado una cinta magnetofónica con un bolígrafo bic, crees que Mazinger Z es el robot más poderoso del planeta, sabes que Niebla es el perro de Pedro, el compañero de Heidi, y que Marco se recorrió medio mundo para encontrar a su mama, te diré una cosa.

     —Ya no eres un niño…Jajajaja.

    Hemos tenido nuestras ventajas por supuesto. Solo citare una sobre la que un día hare otra reflexión. ¿Te acuerdas de la sensación de libertad que daba el poder salir de casa, y que nadie te pudiese llamar por teléfono? Si amigos, en aquella época los teléfonos tenían cable, y las personas podíamos desconectar. Si alguien quería hablar contigo dejaba un recado en tu casa, y al volver, si te apetecía le llamabas. Recuerdo que me sabía de memoria los teléfonos de toda mi familia, amistades, etc. Hoy en día si recuerdo más de tres o cuatro ya me puedo considerar afortunado.

     Pero lo dicho…Eso para otra reflexión.

    Hoy tras leer un relato de mi amiga Chari en su blog “La voz de las olas” que hablaba sobre una leyenda de su infancia llamada “La mano fantasma” le hable de “La mano negra”. Chari me ha insinuado que podría explicar un poco en qué consistía esa leyenda urbana, así que ni corto ni perezoso me dispongo a explicarlo.

    Allá por los años setenta del siglo pasado, había un plan educativo denominado EGB. Toda una generación crecimos compartiendo una serie de referentes, inquietudes, y por supuesto leyendas.

   Dicen que la mano negra se aparecía en los baños de los colegios. Cuando los niños estaban sentados en la taza del inodoro, esta salía lentamente por tu espalda y te estrangulaba. Si no recuerdo mal había también una manera de invocarla, consistía en tirar tres veces de la cadena de la cisterna.

   Según se hablaba, el origen se remontaba a la historia de un criminal al que le habían amputado la mano. Era tal la sed de venganza de esa mamo zombi, que continuaba vagando por las alcantarillas colándose por las tuberías en busca de inocentes niños para matarlos.

  También años después alguien me explicó que todo estaba inspirado en una organización anarquista andaluza de finales del siglo XIX, que realizo actos violentos y asesinatos. Casualmente también se llamaba “La mano negra”.

   Sea como sea, el hecho es que aterrorizó a muchos niños y niñas de mi escuela.

  Si has entendido de lo que hablo, solo me queda decirte que…TU SI QUE MOLAS, TRONCO, GRACIAS POR ESTAR AL LORO Y ENROLLARTE.



Médium


      María estaba acongojada, todo le salía mal últimamente. “Sin duda alguien me ha echado un mal de ojo —se decía”.

     Nunca había creído en la parapsicología, pero era la única explicación que encontraba a lo que le estaba sucediendo. Siempre llegaba a la parada del autobús justo cuando este acababa de marcharse, cuando salía de casa con paraguas no llovía, y cuando no lo llevaba consigo, diluviaba. Pese a esforzarse más que sus compañeros de trabajo, nunca conseguía terminar a tiempo sus proyectos, debía quedarse a hacer horas extras sola en la oficina. Sus dos niños pequeños habían pasado la gripe ya varias veces ese invierno, y su marido acababa de perder su empleo después de veinte años en la misma empresa.

    —Tengo la solución María —dijo Amanda, una de las madres que esperaban junto a ella en la puerta del colegio.

    María la miro interesada, siempre le pareció bien escuchar un consejo. —Tú dirás.

    —Deberías visitar a Boris el médium. Él puede descubrir de donde vienen tus males, y ofrecerte la solución —dijo Amanda.

    Aquello sonaba ridículo, una mujer inteligente y moderna consultando a un médium. Sin embargo tampoco tenía nada que perder, así que aceptó. “Como mínimo será una nueva experiencia —pensó”.

   Ambas visitaron a Boris al día siguiente. La casa era pequeña, oscura, y repleta de libros. El médium las recibió con frialdad, con un aire místico que le confería el aspecto de un ser iluminado y conocedor de los misterios del más allá.

   —Pasad y sentaros —dijo Boris señalando una pequeña mesa circular con cuatro sillas.

    Una vez sentados, Boris observó en silencio a María. Sus ojos intentaron penetrar en la mente de la mujer. De pronto aspiró una gran bocanada de aire y habló:

   —Estoy en conexión con el mundo de los difuntos, veo acercarse a un hombre mayor con el cabello blanco —dijo.

   —Mi abuelo, tiene que ser mi pobre abuelito —dijo con tristeza María.

   —Sí, es el. Esta apoyando su mano en tu hombro y te mira con dulzura. Me está hablando de una fotografía que es muy importante.

   —Oh sí, tengo en casa una foto antigua de él.

   —Me dice, que sí, y que en ella no aparece solo.

   —Es verdad, también está mi abuela —dijo sorprendida María.

   —Tu abuela también te quiere mucho, acaba de entrar, pero esta triste.

   —Pero si mi abuela está viva, eso es imposible —replicó María.

  —No, no lo es, no es su alma difunta, sino que se trata de una proyección astral. Necesitaba comunicarte algo en ese plano dimensional.

   —Claro, tiene lógica, prosigue por favor —pidió a Boris.

   —Me dicen que siempre fuiste una persona noble, generosa, y de buen corazón.

   —Es cierto, tienen que ser ellos, por sus palabras se trata de personas que me conocen bien.

   —Pero están preocupados por ti, alguien te ha lanzado una maldición —dijo Boris.

   —De eso no hay duda, todo me sale mal desde hace un año.

   —Tienen la solución. ¿Confías en lo que ellos te van a decir? —pregunto el médium.

   —Por supuesto, por lo que me has descrito, y por lo que te han contado de mí, estoy convencida de que se trata de mis abuelos.

  —El mal proviene del dinero, debes ofrecerlo, gastarlo en sándalo para conjurar el remedio a tu encantamiento.

   — ¿Y cómo hago eso?

   —Silencio, tu abuelo me está hablando —increpó Boris.

   —Me da la solución. Le gusta esta estancia, quiere que le invoque una vez por semana y le ofrezca un ritual con sándalo, eso le dará fuerzas para deshacer tu mal de ojo desde su dimensión. Dice que no debes preocuparte de nada, solo de hacer lo que te pide.

   —Lo hare —dijo María, convencida de que por fin había encontrado la solución a sus pesares.

   La comunicación extrasensorial se cerró. Boris la miro con dulzura.

   —Me ha encantado hablar con ellos, son unas almas puras. Cada semana me traerás dinero para que pueda comprar lo necesario y realizar tu conjuro de salvación.

   —Claro, ¿Cuánto necesita? —preguntó.

   —Por ser tú, y porque quiero ayudarte, con solo doscientos euros a la semana tendremos bastante. Y empezaremos hoy.

   María agarró su bolso, llevaba doscientos veinte euros que necesitaba para hacer la compra de la semana, pero entregó a Boris la cantidad solicitada. Estaba plenamente convencida que era la mejor inversión que podía hacer.

   Entregar cada semana doscientos euros para su cura sería un gran sacrificio para su familia, pero merecía la pena. Confiaba en Boris, había acertado en todo lo que le decía plenamente, sin duda era un médium excelente.

   
    —Seguro que a partir de hoy todo va a mejorar…